En una Argentina empobrecida, ser de clase alta es más que un privilegio. En promedio, una familia rica atesora ingresos por encima de los $ 11 millones mensuales. En cambio, una familia pobre no logra superar la barrera de los $ 710.000, cuando la Canasta Básica Total (CBT) se ubica en $ 1,2 millones por mes. Las conductas también se modificaron, en un país en el que la mitad de la población se percibía de clase media.
El capital simbólico era el sello distintivo de la clase alta tradicional. Esto estaba dado producto de una empresa próspera, con bajo perfil de sus propietarios que, a su vez, valoraban más la renta y el patrimonio, cultivando la discreción social, define Moiguer Consultora de Estrategias. En la actualidad, los ricos se construyen, con astucia y aprovechando las oportunidades que se les presenta. Generalmente se trata de emprendedores o impulsores de las Start up, que tienen visibilidad, buscan la validación pública mediante la productividad.
En el informe “Los 7 Insights Capitales de la Clase Alta Argentina”, Moiguer los define de la siguiente manera:
1- Ser rico es (relativamente) barato. En una Argentina pauperizada, la cima se alcanza con menos: U$S 11.000 mensuales versus U$S 28.000 en Estados Unidos. Eso no significa que sobren ricos: solo el 6% de los argentinos entra en ese universo. Se trata de 2,8 millones de personas que viven en 800.000 viviendas y concentran el 34% de la riqueza argentina. De ese total, 2.450.000 personas corresponden a la clase media alta, con un ingreso promedio familiar de U$S 7.900 mensuales. La “Clase Top” está integrada por 350.000 personas con un ingreso medio de U$S 16.000. Finalmente se ubican los “Ultra High Net Worth Individuals” (personas con patrimonio neto muy elevado), que totalizan 3.000 casos (650 familias), con un patrimonio familiar de más de U$S 30 millones.
2- No todos vienen de cuna. No hay un solo modo de ser rico en Argentina:
• Herederos (44%): administran el capital heredado desde un lugar de distinción naturalizada.
• Autoconstruidos (39%): con un fuerte componente educativo como base, conciben la riqueza como un proyecto “en construcción”.
• Fast Money (17%): construyeron su capital rápidamente y mediante circuitos menos tradicionales. Son los más visibles y quienes hoy marcan el tono. “Hace cinco años no estaban en esta conversación. Entraron en cripto, en biotech, en economía del conocimiento. Y a diferencia de los otros dos, se muestran. Lo que tienen es lo que exhiben”, define Fernando Moiguer, director de la consultora.
3- La riqueza no atiende sólo en Buenos Aires. Los barrios privados crecieron 10 veces más en el interior del país que en el Gran Buenos Aires. La riqueza ya no vive solamente en Capital o Zona Norte. Se mueve, se expande y se federaliza.
4- El tiempo y el bienestar también cuentan. Hoy aparece otro activo en juego: el capital vital. La clase alta gestiona su tiempo, su energía y su cuerpo. El 53% incorporó suplementos o hizo detox y el 46% hace yoga o meditación.
5- La posesión cede paso a la experiencia. Durante años, la riqueza se mostró desde la acumulación: más metros, más autos, más bienes. Hoy aparece un corrimiento: el 66% prefiere gastar en experiencias que se puedan disfrutar.
6- A la hora de pagar, somos todos argentinos. Ocho de cada 10 dicen que, aunque puedan pagarlo, les gusta sentir que compran de manera inteligente. La crisis estructural de las últimas décadas dejó una marca transversal.
7- Los jóvenes no la esconden. Si hay un lugar donde el cambio se ve más claro, es entre los jóvenes. El 53% no tiene problema en mostrar cómo gasta (versus 30% en adultos). Hay menos culpa, más exposición y otra relación con el dinero.